El líder del Ejecutivo vuelve a vivir una jornada aciaga en la Plaza Cánovas del Castillo, donde la ciudadanía ha vuelto a expresar su profundo rechazo a la gestión de Moncloa a pesar de los esfuerzos de protocolo por blindar su llegada.
Como viene siendo habitual en las grandes citas institucionales, el inicio de los actos conmemorativos del Día de la Fiesta Nacional ha servido para certificar la enorme brecha existente entre el Ejecutivo central y la calle. A su llegada a la Plaza Cánovas del Castillo para presenciar la tradicional parada militar presidida por los Reyes de España, Pedro Sánchez fue recibido con una atronadora pitada, abucheos masivos e insultos por parte de miles de ciudadanos congregados a lo largo del recorrido.
El protocolo de Moncloa, que volvió a medir los tiempos al milímetro para apurar la incorporación del presidente del Gobierno justo segundos antes de la aparición de la comitiva real, no logró neutralizar el malestar popular. La atronadora protesta sorda de los asistentes no solo acompañó su descenso del vehículo oficial, sino que volvió a reproducirse con fuerza durante el saludo a las autoridades y la recepción del estamento institucional, dejando patente que la contestación social hacia el líder del PSOE permanece incólume en el corazón de la capital.
El protocolo no frena el descontento de la sociedad civil
El estruendo del descontento popular eclipsó por unos momentos los compases previos al desfile militar, convirtiendo la llegada del presidente en el primer punto de tensión de la jornada patria.
Por un lado, el clamor de la multitud en el céntrico emplazamiento madrileño refleja el hartazgo acumulado frente a la deriva política, las cesiones parlamentarias y el cerco judicial que acorrala al entorno gubernamental. Los intentos habituales del equipo de Sánchez por aislar al mandatario mediante distancias de seguridad y retrasos pautados han resultado una vez más infructuosos frente a la contundencia de una masa que aprovechó el marco de la Fiesta Nacional para elevar su voz de condena.
Por otro lado, el contraste entre el caluroso afecto dispensado por el público a Sus Majestades los Reyes y la hostilidad reservada al presidente deja una estampa institucional de hondo significado político. La escena ratifica cómo, lejos de la propaganda oficial y de los actos cerrados del partido, la exposición pública de Sánchez ante la ciudadanía libremente convocada se ha convertido en un trago amargo e ineludible para el gabinete socialista.











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