Simone Gorini denunció públicamente que los errores de señalización obligaban a detener los trenes en plena vía y dificultaban su reinicio, anticipando milimétricamente la secuencia que desembocó en el catastrófico choque de Urda.
La devastadora catástrofe ferroviaria de Toledo ha dejado de ser una impredecible desgracia para convertirse en la confirmación de un diagnóstico trágico e ignorado. Hace apenas tres semanas, el consejero delegado de Iryo, Simone Gorini, lanzó una advertencia pública y tajante sobre los graves fallos del sistema de seguridad LZB en la línea de alta velocidad Madrid-Andalucía. El máximo directivo del operador privado denunció abiertamente que las anomalías recurrentes en esta infraestructura provocaban detenciones automáticas inopinadas de sus convoyes en mitad del trayecto, generando graves problemas para reiniciar la marcha.
La secuencia descrita por el primer ejecutivo de Iryo coincide exactamente con la mecánica del siniestro acaecido este miércoles en la localidad toledana de Urda. La unidad de Iryo quedó paralizada en la vía precisamente tras sufrir una pérdida de señalización en el sistema LZB, lo que provocó su detención fulminante y la imposibilidad de reanudar el avance antes de ser embestida por la espalda por un tren AVE de Renfe a gran velocidad.
Inacción institucional ante las alertas explícitas del sector
Las advertencias que la patronal y los operadores privados trasladaron a Adif y al Ministerio de Transportes dejan al descubierto una negligencia delictiva en la supervisión del corredor sur:
- Detenciones en plena vía: Gorini alertó expresamente de que los errores de comunicación entre la infraestructura y el tren activaban los frenos de emergencia, dejando a los convoyes vulnerables en tramos de alta velocidad.
- Fallos en el reinicio del sistema: La compañía subrayó las dificultades operativas que afrontaban los maquinistas para rearmar los sistemas informáticos tras una parada en blanco, dilatando los tiempos de exposición en la vía.
- Desatención de Moncloa: A pesar de los reiterados requerimientos para revisar el mantenimiento de la red y sustituir los componentes obsoletos del tramo Madrid-Sevilla, el departamento de Óscar Puente prefirió desacreditar las quejas y derivar las responsabilidades hacia los fabricantes.
La liquidación definitiva del relato oficial
La revelación de estas advertencias previas destruye cualquier intento de la propaganda gubernamental por calificar el accidente de Urda como un suceso fortuito o insólita fatalidad.
Por un lado, consta documentalmente que los máximos responsables de la red de transportes conocían con precisión milimétrica la existencia de una falla crítica en el sistema automático de protección del tren en la línea andaluza. Mirar hacia otro lado ante alertas tan rotundas formuladas por los propios operadores constituye una temeridad inadmisible en la gestión de un servicio público esencial.
Por otro lado, la evidencia de que las advertencias del CEO de Iryo se han materializado cobrándose decenas de vidas humanas exige que la investigación penal depure responsabilidades al más alto nivel. Ni Adif ni el Ministerio de Transportes pueden escudarse ya en excusas técnicas: la tragedia de Toledo fue advertida, documentada e ignorada por un Ejecutivo más ocupado en el enfrentamiento político que en garantizar la seguridad de los ciudadanos en las vías.










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