La formación liderada por el eurodiputado Alvise Pérez da el pistoletazo de salida a su organización territorial en ambas provincias atlánticas, presentándose como alternativa frente a la crisis de la partitocracia tradicional y los agravios que sufre el archipiélago.
El mapa político de Canarias experimenta un nuevo factor de alteración con la implantación oficial de la formación Se Acabó La Fiesta (SALF)[cite: 1]. El partido impulsado por el eurodiputado Alvise Pérez ha puesto en marcha su estructura territorial en las islas con la vista puesta en las próximas citas con las urnas[cite: 1], canalizando el descontento de un sector de la ciudadanía harta del bipartidismo y de la gestión de los partidos tradicionales.
Bajo el lema de que “vinieron para quedarse”, el secretario de Organización Nacional de la formación, Yeray Iglesias, ha señalado sin ambages que el archipiélago constituye “un bastión importante”[cite: 1] dentro de la estrategia nacional del movimiento. Esta expansión territorial se articula a través de los enlaces provinciales designados: Clara Tejera al frente de Las Palmas y Carlos Herranz en Santa Cruz de Tenerife[cite: 1].
Desde la provincia oriental, Tejera ha aludido al “pulso reivindicativo” de los isleños[cite: 1], defendiendo que la sociedad canaria se encuentra decidida a plantar cara para recuperar aquello que considera suyo[cite: 1]. Por su parte, el responsable tinerfeño, Carlos Herranz, ha situado como ejes prioritarios y vertebradores de su acción política “la lucha implacable contra la corrupción y el despilfarro político”[cite: 1] institucional que, a juicio de la plataforma, lastra el desarrollo y el bienestar de las islas.
Desde una óptica ideológica de centro-derecha y crítica con las estructuras de poder establecidas, la irrupción de este tipo de fenómenos contestatarios evidencia el profundo desgaste de los partidos dinásticos y la fatiga social ante una clase política anclada en el clientelismo. SALF busca desmarcarse abiertamente de la denominada “partitocracia”, reivindicando su naturaleza estrictamente ligada a la sociedad civil[cite: 1] y llamando a los ciudadanos a sumarse a una vía de renovación del sistema[cite: 1].
Mientras las formaciones tradicionales observan con recelo este desembarco en un territorio tan estratégico, queda por ver si esta plataforma antisistema logra capitalizar de forma efectiva el malestar de los votantes canarios ante el actual rumbo político nacional y autonómico.











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