La formación defiende la transición hacia una fórmula inspirada en las economías europeas más prósperas, combinando una red pública de protección con cuentas individuales propiedad de cada trabajador para esquivar la quiebra de la Seguridad Social.
El debate sobre la viabilidad de la Seguridad Social ha quedado al desnudo tras las alertas sobre la insostenibilidad del actual modelo de reparto, calificado abiertamente de «sistema zombi» por la bancada de Vox. Ante la evidencia de unas cuentas públicas lastradas por la demografía y la voracidad fiscal de Moncloa, la formación de Santiago Abascal y su equipo económico han detallado una propuesta estructural que busca romper el chantaje intergeneracional: la implantación de un modelo de pensiones mixto que combine el sistema público de reparto con la capitalización individual.
La iniciativa no plantea el desamparo de las rentas más vulnerables, sino la modernización de un engranaje obsoleto que aboca a las futuras generaciones a cotizaciones crecientes para percibir prestaciones cada vez más mermadas. La alternativa propuesta pasa por sustituir el monopolio estatal de reparto por un esquema transparente e individualizado donde cada español sea dueño real de una parte sustancial de su ahorro para la jubilación.
Un pilar público blindado y cuentas individuales de propiedad privada
La arquitectura del modelo impulsado por Vox se articula sobre la libertad de elección del contribuyente y la certidumbre de sus derechos acumulados a lo largo de su vida laboral.
Por un lado, el sistema garantiza una base pública de solidaridad (sistema de reparto) destinada a asegurar una pensión mínima digna a todos los cotizantes y proteger las situaciones de vulnerabilidad. Este primer pilar público se sostendría mediante la drástica reducción del gasto superfluo en chiringuitos institucionales, duplicidades administrativas y subvenciones ideológicas, destinando el ahorro del Estado a garantizar la viabilidad financiera de las prestaciones acumuladas por los actuales jubilados.
Por otro lado, la gran novedad radica en la implantación de un pilar de capitalización a través de cuentas de ahorro individuales, similar a modelos de éxito internacional como el sueco. Bajo este esquema, una parte de las cotizaciones del trabajador no va a parar al pozo sin fondo de la caja común estatal, sino que se ingresa en un fondo personal e hibridado a su nombre, blindado frente a la arbitrariedad política y con incentivos fiscales para su rentabilidad. De este modo, los trabajadores del mañana dejan de depender de las promesas de los gobiernos de turno para pasar a ser los auténticos propietarios del fruto de su esfuerzo laboral.











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