El último barómetro del CIS dispara artificialmente la ventaja de Pedro Sánchez hasta rozar el 34% de los votos y hunde al centro-derecha, en un desesperado intento por elevar la moral socialista ante las urnas.
La maquinaria de propaganda de La Moncloa ha vuelto a apretar el acelerador de la manipulación demoscópica cuando peor se le ponen las cosas al Ejecutivo. A pocas semanas de la cita decisiva del 29 de noviembre, el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), bajo la incombustible dirección de José Félix Tezanos, ha publicado un barómetro que otorga al PSOE una inverosímil ventaja de casi 12 puntos sobre el Partido Popular, atribuyendo a Pedro Sánchez un flamante 34% del voto emitido frente al 22,2% al que pretende relegar a Alberto Núñez Feijóo.
La maniobra roza el absurdo contable y desafía el sentido común de cualquier observador de la actualidad nacional. Mientras las empresas de sondeos independientes coinciden de forma unánime en señalar el desgaste irreversible del bloque de investidura, la quiebra en la calle y la consolidación del centro-derecha, el CIS vuelve a diseñar una realidad paralela a medida de los intereses del presidente, atribuyéndole una ficticia remontada en el momento de mayor acorralamiento político y judicial de su mandato.
Una cocina demoscópica al servicio de la campaña socialista
El cocinado del organismo público sobrepasa cualquier estándar de rigor científico, funcionando abiertamente como un artefacto de movilización partidista para frenar la desafección de sus propios votantes.
Por un lado, la proyección ideada por Tezanos pretende inyectar una dosis de moral artificial en las filas del socialismo, tratando de tapar con cifras manipuladas la sonora pitada recibida en la calle, el portazo de sus socios parlamentarios y los severos reveses sufridos ante la Justicia. El relato gubernamental busca proyectar la falsa sensación de una victoria inapelable para desmovilizar al electorado conservador y reanimar a una militancia desorientada.
Por otro lado, el hundimiento artificial que el CIS adjudica a la oposición carece de cualquier anclaje con la realidad del país, descalificando de nuevo al organismo público como fuente fiable de análisis sociológico. Lejos de reflejar la intención real de voto de los españoles, esta nueva entrega del barómetro confirma el uso partidista de las instituciones del Estado, utilizando el dinero de los contribuyentes para fabricar encuestas al servicio de la estrategia electoral del Gobierno.











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