El Ministerio de Trabajo activa de urgencia las conversaciones con los agentes sociales para fijar una nueva subida del SMI, desatando las críticas de la oposición por el claro uso electoralista de las instituciones.
El calendario electoral de cara a las urnas del próximo 29 de noviembre ha provocado una huida hacia delante en el seno del Ejecutivo de coalición. El Ministerio de Trabajo y Economía Social, dirigido por Yolanda Díaz, ha dado el pistoletazo de salida formal para iniciar las negociaciones con los sindicatos y la patronal con el propósito explícito de aprobar una nueva subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) antes de que arranque formalmente la campaña electoral.
Este movimiento estratégico, precipitado tras el adelanto de los comicios generales, sitúa la política salarial en el centro de la pugna partidista. Desde el departamento de Trabajo se defiende la urgencia de tramitar la revisión de las rentas mínimas —que actualmente se sitúan en los 1.221 euros brutos mensuales en 14 pagas— bajo el argumento de proteger el poder adquisitivo de los trabajadores frente al encarecimiento del coste de la vida. Sin embargo, la premura de los plazos y la coincidencia directa con el periodo preelectoral han desatado un profundo malestar en los sectores económicos y en los partidos de la oposición.
Un pulso estratégico y un claro uso partidista de la administración
La decisión de acelerar los trámites del SMI a las puertas de la disolución de las Cortes ha sido interpretada por los analistas y por las formaciones conservadoras como una maniobra intervencionista de carácter claramente electoralista.
Por un lado, la vicepresidenta y líder de los espacios a la izquierda del PSOE busca capitalizar banderas sociales tradicionales —como la revalorización de los sueldos más bajos o el control de los alquileres— para movilizar a su electorado en una campaña exprés. Por otro lado, las organizaciones empresariales han censurado la falta de rigor técnico y el afán propagandístico de un proceso negociador que, a su juicio, ignora los informes de impacto económico y utiliza los cauces ministeriales como un mitin político permanente.
A esto se suma la contundente postura del bloque conservador. Desde el Partido Popular se ha denunciado que el Ejecutivo pretende legislar por la puerta de atrás y comprometer la estabilidad presupuestaria futura mediante decretos exprés, buscando condicionar el próximo mandato institucional desde la interinidad. Con este nuevo frente abierto en materia económica, el Gobierno demuestra que pretende polarizar la campaña en torno al eje social y laboral, convirtiendo la negociación salarial en el primer gran campo de batalla del camino hacia el 29 de noviembre.











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