La ministra de Sanidad y líder de Más Madrid se sitúa en el centro de las especulaciones de una coalición de izquierdas acuciada por la falta de un proyecto nacional sólido y la amenaza de un adelanto electoral.
La coalición de izquierdas atraviesa un momento crítico y busca desesperadamente un revulsivo con el que frenar su desgaste institucional. Ante el temor a un descalabro en unas hipotéticas elecciones generales, sectores internos de Sumar han puesto la mirada en Mónica García para intentar recomponer un liderazgo estatal que naufraga entre divisiones internas y falta de proyecto.
Esta operación de urgencia llega tras una trayectoria marcada por el activismo sindical y el enfrentamiento político continuo. Licenciada en Medicina y Cirugía por la Universidad Complutense y anestesióloga de profesión en el Hospital 12 de Octubre, Mónica García dio el salto a la primera línea pública como portavoz de la Asociación de Facultativos Especialistas de Madrid (AFEM), liderando las movilizaciones sanitarias de la llamada ‘Marea Blanca’ contra las políticas de privatización de la Comunidad de Madrid.
Su salto institucional se produjo en 2015 como diputada autonómica, primero bajo el paraguas de Podemos y posteriormente integrada en la plataforma de Más Madrid junto a Íñigo Errejón. Desde la tribuna madrileña, destacó por una oposición de perfil bronco y confrontativo contra el gobierno autonómico de Isabel Díaz Ayuso, especialmente durante la gestión de la pandemia y la construcción del hospital público Isabel Zendal. Tras consolidarse al frente de Más Madrid y lograr superar al PSOE en los comicios autonómicos de 2023, su carrera dio un giro nacional al ser nombrada ministra de Sanidad del Gobierno central a finales de ese mismo año, un ministerio desde el cual ha mantenido un perfil ideológico muy marcado.
Ahora, ante la inestabilidad de la confluencia que lidera Yolanda Díaz, su nombre se sitúa sobre la mesa como posible tabla de salvación. Los socios de la confluencia intentan maniobrar desesperadamente ante la amenaza constante de un adelanto electoral, utilizando la figura de la ministra para tapar la descomposición de un espacio político asfixiado por las cuotas de poder entre Movimiento Sumar, Más Madrid e Izquierda Unida.
Por el momento, y fiel a la prudencia táctica, Mónica García evita confirmar sus aspiraciones estatales, consciente de que este acercamiento responde más a la desesperación de una izquierda sin rumbo fijo que a un proyecto de país sólido y cohesionado. Mientras compagina los restos de su marca regional con su cartera ministerial, el futuro de Sumar continúa supeditado a los intereses partidistas y a las permanentes luchas intestinas de sus dirigentes.











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